martes, 3 de mayo de 2011

Extravagancia ¿antesala de la creatividad?

¿Te gusta vestir de forma extraña, hace cosas fuera de lugar, ir contracorriente de los demás? ¿Tienes una forma de pensar y comportarse insólita y ajena a los modelos sociales? Si es así, tal vez seas uno de los pocos pero notables habitantes de este planeta con inconformismo social, felicidad, sentido del humor, inteligencia y creatividad fuera de lo común: un excéntrico. Igual que Dalí, Galileo, Wilde, Picasso, Einstein o Chaplin.


Cuando el escritor inglés Oscar Wilde llegó a EEUU en 1882, un inspector de aduanas le preguntó si tenía algo que declarar y él respondió “nada, salvo mi genio”. Cuando agonizaba en París, pidió el champán más caro y dijo “me estoy muriendo por encima de mis posibilidades”. El pintor catalán Salvador Dalí solía comer grandes cantidades de queso Camembert antes de dormir porque así conseguía sueños creativos y gráficos, en los cuales veía muchas imágenes e ideas para plasmar en su arte, que él denominaba “paranoico-crítico”.

Estas son solo algunas de las anécdotas, situaciones y actitudes poco convencionales de grandes personajes excéntricos entre los que también figuran Galileo Galilei, Pablo Picasso, Albert Einstein, Graham Bell, Isaac Newton, Charles Chaplin, James Joyce. Pero también personajes famosos como Michael Jackson o el Príncipe Carlos de Inglaterra, junto con personajes anónimos que cuentan también con extravagancias resaltables. Como por ejemplo, el caso de Marvin Staples, un indio Chippewa de Minnesota que camina hacia atrás porque "esto le hace sentir más joven y lo ha curado de un dolor crónico de espalda y de artritis".

El estudio de Weeks

En su afán por conocer más sobre la originalidad del pensamiento, cómo se produce y qué perfil respondía realmente a los excéntricos, David Weeks y Jamie James entrevistaron a más de mil personas durante 10 años y sus conclusiones no dejaron lugar a dudas. Encontraron 15 adjetivos que se pueden usar para estas personas: inconformes sociales, creativos desmesurados, conscientes de sus rarezas sin sufrir por ello, idealistas y, además, más sanos y felices que el común de los mortales. Todo su estudio y buena parte de las excentricidades que recogieron pueden encontrarse en la publicación de 1996: "Eccentrics: A Study of Sanity and Strangeness".

Según Weeks, neuropsicólogo, la excentricidad es una forma peculiar de personalidad que tiene características generalizables y que se podría resumir en dos palabras: inconformismo social.

Weeks descubrió que tanto la vida de los excéntricos del pasado, como la del millar de extravagantes contemporáneos que ha investigado, desprenden la misma sensación de libertad: su secreto es mantenerse abierto como niños a nuevas experiencias. El rasgo que mejor define a los excéntricos es su inadaptación a las convenciones de la sociedad: es normal que los jóvenes sean inconformistas, pero los excéntricos mantiene su rebeldía e inconformismo toda la vida, aunque los repriman.

Son personas que dan importancia y valor a cosas muy particulares, y al no tener en cuenta lo que los demás piensan de su comportamiento, son más libres que quienes dejan de hacer o decir algo por miedo al “que dirán o pensarán”. Tienen comportamientos extravagantes, que se consideran fuera de lugar, impropios o inoportunos, por el contexto, el lugar, el momento o su contenido. Son conductas que la mayoría de la gente no lleva a cabo, ni probablemente haría. El excéntrico disfruta efectuando comportamientos raros, comprobando que se fijan en él y sintiéndose el centro de atención y de las miradas.

Cuando creatividad y excentricidad van de la mano

Además de ser grandes personajes de las artes y las ciencias, todas estas figuras “fuera de serie” tienen algo en común: una forma de pensar y comportarse insólita y ajena a los modelos sociales establecidos.

Todos estos personajes son raros, no sólo por su conducta e ideas “locas”, pero totalmente cuerdas y más bien situadas en el polo opuesto a la locura, sino por su proporción numérica: se calcula que una de cada 10.000 personas puede considerarse rara o extraña y una de cada 15.000 es totalmente excéntrica.

El equipo de Weeks del Hospital Real de Edimburgo estableció que los artistas y los científicos, adictos a la creatividad, son los perfiles humanos donde se concentra la mayoría de excéntricos. Los científicos, repletos de inventores, se entregan a ideas tanto brillantes como absurdas. Y aunque no todos los artistas ni todos los científicos son excéntricos, se les tolera mucho más la extravagancia; forma parte de su idiosincrasia y de la creatividad fuera de lo normal que desarrollan como un don.

Todos ellos, además de ser raros en su forma de vivir, trabajar, comer, pensar y amar, eran inconformistas, creativos, muy curiosos, idealistas, inteligentes, se sentían muy felices con sus manías y se interesaban poco en lo que pensaban los demás.

Las ventajas de ser "raro"

Siempre y cuando sus excentricidades no perturben a los demás o no resulten especialmente molestas, las personas que tienen ciertos comportamientos excéntricos se les suele tratar con más tacto, por lo que se benefician de mejores servicios en general. 

Pero como señala Weeks, no siempre es fácil ser excéntrico, porque implica separarse de la multitud y quienes exhiben personalidades fuera de lo establecido sufren una gran presión social. “Si se es singular y único, la gente se ríe de uno, lo cual hace que el excéntrico se inhiba más y más”.

Y claro, no están locos. Saben lo que quieren, se obsesionan por conseguirlo y no temen la crítica social ni los convencionalismos.

Un hallazgo curioso fue que estas personas son menos consumistas que el promedio de la población general. Además, observó que menos de 30 individuos de los más de mil que entrevistó eran alcohólicos o adictos a drogas. Y son reconocibles desde la infancia. Desde los 8 años ya se perciben como inconformistas y hay mucha coincidencia entre niños excéntricos y superdotados.

La clave de la felicidad

Después de terminar su investigación, Weeks se planteó si realmente acatar la norma era sinónimo de felicidad. Sobre todo, porque estos individuos le demostraron que sus rarezas redundaban en seres más felices y sanos.

¿Lo son porque eligen ser distintos a pesar de los convencionalismos sociales? ¿Es la libertad y el uso de la misma la que redunda en una vida más plena? Sin duda alguna. No obstante, Weeks reconoce que no es fácil, pues implica separarse de las convenciones y eso genera gran presión social. "Si se es singular y único, la gente se ríe de uno, lo cual hace que el excéntrico se inhiba más y más", añade.

Él mismo ha desarrollado lo que ha bautizado como terapia de pensamiento excéntrico. Su idea es que la gente recupere su yo excéntrico reprimido. Quiere reeducar su sentido del humor y hacerlos conscientes de las bondades de su creatividad y curiosidad. Su objetivo, cuenta él mismo, es que "se interesen por su pensamiento y sean coherentes con él, sin temor", y así, sostiene el investigador, serán más felices.

"Si los excéntricos no dan rienda suelta a su impulso creativo, pueden deprimirse. Es una privación de la mente y el espíritu, más fuerte que la pobreza", escribe Weeks. Y concluye: "Los hábitos impulsados por la cultura popular han generado tanto aburrimiento e ineficacia, que haríamos bien si pudiéramos cambiar la codicia material por la curiosidad interior de los excéntricos".


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