lunes, 14 de febrero de 2011

¿Qué hacemos con los alumnos con altas capacidades intelectuales?


La principal responsabilidad que tenemos como sociedad y como educadores hacia los alumnos con altas capacidades se sitúa en dos planos. Por un lado porque no puede ser, como está sucediendo mayoritariamente, que tener una alta inteligencia se convierta en un problema, en un drama a veces, para ellos y para sus familias. Ellos porque sufren una fuerte inadaptación y falta de motivación en la escuela, cuando no algo peor, en un ambiente que a menudo, en vez de respetar la inteligencia, el esfuerzo y las buenas calificaciones las denosta. Las familias porque se encuentran impotentes ante el sufrimiento de sus hijos e hijas, sin medios para llevarlos a las pocas escuelas preparadas, con dificultades frecuentes ante la administración o los centros educativos. Las asociaciones son el único refugio muchas veces para no sucumbir ante tan pesada carga. 
Necesitamos talentos. Si la cultura, el arte y esporádicamente la ciencia española han sobresalido ha sido no sólo por sus cuadros intermedios sino también por sus mentes más brillantes. Si caminamos hacia una sociedad del conocimiento, si queremos, y lo estamos haciendo, adentrarnos en el sendero de la innovación, el desarrollo y la investigación, es más necesaria que nunca una masa crítica de investigadores, científicos, artistas, etc. que coloquen a España es una posición de vanguardia. Evitemos que la fuga de cerebros comience en la escuela.

Para ello es necesario apostar decididamente por dotar a los alumnos de altas capacidades de flexibilidad en sus itinerarios educativos, de mayores becas para las familias, a los centros de más personal especializado en la detección y encauzamiento de estas potencialidades y a todo el futuro profesorado de una buena formación en estas cuestiones, pues su papel es fundamental.
 
También deberíamos plantearnos apoyar a aquellos segmentos de población con altas capacidades que aún pueden presentar condicionamientos más duros que el resto: inmigrantes con altas capacidades que por su situación socioeconómica pueden ser ocultados y puestos a trabajar, y las mujeres.

Hace tiempo que sabemos que la inteligencia no es un factor estático en el individuo, que sólo crece si es conveniente y suficientemente estimulada. Y, hoy por hoy, nuestros jóvenes españoles con altas capacidades no reciben de la sociedad aquello que necesitan y merecen. Sólo si sabemos darles los medios adecuados y la estabilidad y seguridad necesaria sabrán devolver, ciento por uno, lo que han recibido de su sociedad.

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