A raíz del discutido bachillerato de excelencia han surgido numerosos debates en internet sobre el tema, leo en uno de ellos:
España no se arregla con superdotados. Esos ya se buscan las habichuelas solitos si les apetece.
Opinar es un derecho fundamental que tenemos tod@s y que nos hemos acostumbrado a ejercer con tal frecuencia y naturalidad que ha llegado un momento en que algun@s parecen convencidos de que todas las opiniones tienen la misma validez. Perdonen pero no. Opinión sobre cualquier tema la tenemos todos, como la nariz; derecho a expresarla con respeto, también; pero no todas las opiniones tienen el mismo valor, del mismo modo que no todas las narices son igual de bonitas.
Y es que hay opiniones cualificadas, fundamentadas, reflexionadas, que surgen del estudio, de la práctica o de la observación, y otras que no pasan de ser simples vanalidades, frases hechas o estereotipos. Me gusta oír a la gente expresarse, me gusta la disparidad de opiniones —de la heterogeneidad de pensamiento salen las mejores propuestas— pero me disgustan los disparates aceptados como dogmas.
Y es que hay opiniones cualificadas, fundamentadas, reflexionadas, que surgen del estudio, de la práctica o de la observación, y otras que no pasan de ser simples vanalidades, frases hechas o estereotipos. Me gusta oír a la gente expresarse, me gusta la disparidad de opiniones —de la heterogeneidad de pensamiento salen las mejores propuestas— pero me disgustan los disparates aceptados como dogmas.
Pero soy optimista y tiendo a pensar que los que los dicen son minoría, gritona, sí, pero minoría, y que los que escuchan serán capaces de separar unas opiniones de otras y distinguir a los que hablan por hablar de los que saben de lo que hablan.


