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lunes, 16 de enero de 2012

Tortugas y puercoespines: La sensibilidad de los superdotados

Trabajando con superdotados adultos hay una característica que se repite sistemáticamente en los tests de personalidad: la altísima sensibilidad. Si los valores medios están entre 4 y 6, en un noventa por ciento de los casos los superdotados con los que trabajamos están en 9 o más sobre 10. La altísima sensibilidad se corresponde con una persona que:
  • Tiende a basar sus juicios en gustos personales y valores estéticos
  • Se apoya en la empatía y en la sensibilidad a la hora de hacer sus consideraciones
  • Suele ser más refinada en sus intereses y gustos.
  • Se apoya tanto en los aspectos subjetivos de las situaciones que puede pasar por alto los aspectos más funcionales
  • Aprecia más la belleza de un poema que una excelente estrategia deportiva.
  • En la calle se detendría más ante un artista pintando ante un edificio en construcción.
  • Prefiere las buenas novelas u obras de teatro .
Según Catell las personas con alta sensibilidad serían pedigüeños, impacientes, dependientes, inmaduros, cariñosos, gentiles, estéticos, introspectivos, imaginativos, deseosos de atención, frívolos e hipocondríacos.

Y, muy importante, inusualmente sensibles en sus reacciones a las críticas.

Esta característica personal puede tener su origen además de en las mejores capacidades estéticas que pueden ir unidas a la inteligencia, pero también al hecho de haberse sentido diferentes siempre de su entorno, y en la baja autoestima que también es habitual durante la infancia y la adolescencia.
En cualquier caso la alta sensibilidad es una característica asociada al género femenino, por ello los jóvenes y adolescentes superdotados pueden esconderla debajo de una concha como las tortugas, en silencio y pasando desapercibidos, o bien debajo de una buena colección de pinchos como los puercoespines para que nadie se les acerque que les pueda hacer daño. La primera estrategia tiene mucho que ver con los estilos de comunicación y de comportamiento pasivos y la segunda con los estilos más agresivos.

Lo sano es dejar salir esa sensibilidad que se tiene a flor de piel, aceptarla y fortalecerse emocionalmente para poder enfrentarse a la vida sin conchas que nos protegen pero también nos limitan como personas y alejan a los demás de nosotros. Y si no sabemos hacerlo solos, buscar ayuda con especialistas en superdotados.

miércoles, 11 de enero de 2012

Las chicas con las chicas

José Antonio Marina
Vuelvo a Madrid, tras un viaje relámpago a Barcelona para participar en unas jornadas de la Fundación Sport y Cultura. Antes de mi intervención ha habido un interesante debate sobre la importancia de las redes sociales… para el marketing. Sobre su posible utilización educativa, les hablaré otro día. Hoy quiero comentar un tema controvertido. El Gobierno ha aprobado el anteproyecto de Ley de igualdad de trato, en el que se prohíbe que escuelas públicas –por lo tanto, también las concertadas- puedan segregar a sus alumnos por su sexo. Vaya por delante mi postura: me parece conveniente la educación mixta, pero creo que debemos estudiar seriamente si tal como está organizada en este momento no perjudica a las chicas.

En realidad, a lo que me resisto es a ideologizar la educación, sea en un sentido o en otro. Nuestra obligación como docentes es ser la “conciencia crítica de la sociedad en su conjunto” sobre temas educativos. La casualidad ha hecho que en el AVE viniera leyendo el libro Cuestión de sexos, de Cordelia Fine. La autora menciona el libro de Susan Pinker, La paradoja sexual, que aborda la pregunta de por qué “las mujeres inteligentes con plena libertad de elección no escogen los mismos caminos y en igual cantidad que los hombres. A pesar de no tener ninguna barrera de por medio, no se comporta como clones masculinos”. En El cerebro infantil he estudiado las diferencias entre el cerebro masculino y femenino. Hay diferencias significativas, que no influyen en la inteligencia general, que es igual en ambos sexos, pero sí en las preferencias e intereses de cada uno de ellos. Aún así, hay que advertir que la mente surge de procesos neuronales configurados por la cultura y adaptados a ella.

En este momento, preparo un estudio para la Fundación Repsol sobre cómo fomentar en España vocaciones científicas, matemáticas, técnicas y empresariales, y me he encontrado con varias investigaciones que demuestran que la visión que estamos dando de estas actividades desaniman a las chicas. Paul Davies y sus colegas dieron a un grupo de alumnas de empresariales dos artículos retocados para que los leyesen.

Uno describía al empresario como persona creativa, informada, estable y generosa, y afirmaba que esas cualidades se daban por igual en hombres y mujeres. El otro describía al empresario como una persona agresiva, autónoma, capaz de asumir riesgos, características que pertenecían al estereotipo masculino. Luego se les preguntó si estaban interesadas en ser autónomas y dueñas de una pequeña o gran empresa. A las alumnas que puntuaron bajo en el índice de proactividad (es decir, la tendencia a mostrar iniciativa, identificar oportunidades, actuar y perseverar hasta lograr los objetivos) les fue indiferente qué artículo leyesen. Pero ¿qué pasó con las mujeres muy proactivas? Como cabe esperar de esas mujeres tan decididas, su interés por una carrera empresarial era alto, pero se vio notablemente reducido después de haber leído el artículo en que se decía que empresarial es igual a hombre.

El prototipo de una profesión se integra o no en la identidad de una persona, incluida su identidad de género. Las películas transmitieron la imagen de que los informáticos eran unos “obsesos de la informática, que se pasaban los días encerrados con el ordenador y bebiendo latas de cerveza y que en los ratos libres se sentaban en el sofá a ver una película de ciencia ficción por centésima vez”. Sapna Cheyan, psicóloga de la Universidad de Washington, se interesó por saber si esa imagen de loco de la informática ahuyentaba a las mujeres de esa profesión. Estaban realmente mucho menos interesadas. Y sin embargo, esa imagen no es verdadera. De hecho, en su fase inicial la informática fue cosa de mujeres, porque la programación requería mucha paciencia y cuidado. Cheyan y sus colegas supusieron entonces que si se cambiaba la imagen, aumentarían las vocaciones femeninas. Cambiando la decoración de la clase, Cheyan consiguió aumentar el interés de las alumnas: “Cambiado el entorno de la informática se puede hacer que aquellos que sientan poco o ningún interés vean un nuevo aliciente en él” (CHERYAN, S. ET ALT.: “Ambient belonging: How stereotypical cues impact gender participation in computer science“, Journal of Personality & Social Psychology,  97, 6, 1045-1060).

viernes, 20 de mayo de 2011

Los caballeros las prefieren rubias

O al menos eso es lo que afirmaba la comedia de Howard Hawks de 1953 y ahora, en pleno siglo XXI podríamos decir que rubias no sé, pero no muy listas sí parecen preferirlas, o al menos eso es lo que se desprende del estudio que hoy os presento. Y es que lamentablemente parece que la mujer ideal del siglo XXI ya no enamora a su pareja con la mente.


Que las mujeres inteligentes encuentran más problemas a la hora de pasar por el altar no son meras elucubraciones, sino las conclusiones de un estudio realizado por las Universidades del Reino Unido de Edimburgo, Aberdeen, Bristol y Glasgow, y publicado en el Journal of Personality and Individual Differences, según el cual cuanto más lista es una mujer más decrecen sus posibilidades de encontrar pareja estable, mientras que para el hombre ocurre al revés.

Las mujeres buscan hombres inteligentes, con un cerebro claro, agudo y activo. Por contra, los varones no parecen buscar mujeres brillantes. Según esta investigación, un cociente intelectual alto en los hombres dispara sus posibilidades de casarse, al contrario que en las féminas.

Según el informe realizado, la posibilidad de contraer matrimonio en el caso de los varones aumenta en un 35% por cada 16 puntos de subida en su cociente intelectual. En el caso de las mujeres ocurre al contrario, y es que los hombres parecen preferirlas "barbies" y tontas, mujeres florero, que cumplan su función de perfecta ama de casa y no les creen complejo de inferioridad, 16 puntos más, suponen para las mujeres un 40% más de posibilidades de quedarse solteras.

El artículo asegura que, después de un estudio realizado entre 900 hombres y mujeres a los que se les hizo una prueba de cociente intelectual cuando tenían 11 años, y que fueron entrevistados 40 años después para saber con quiénes se habían casado, se descubrió que las posibilidades de contraer matrimonio son un 40% menores si ellas deciden continuar con sus estudios superiores e ingresar en la universidad.

En resumen, a la hora de quedarse sola, la inteligencia y la prioridad que las mujeres den a su carrera profesional parecen ser dos factores decisivos. Las mujeres que carecen de licenciatura lo tienen mejor para enamorar a un hombre preparado. Increíble, pero cierto, en pleno siglo XXI.

Y es que, pese a que la mayoría de los hombres digan lo contrario, de ser verdad lo que afirman los psicólogos, éstos siguen gustando de mujeres tradicionales que les esperan en casa con las pantuflas y la comida en la mesa. El encargado de tan sorprendente estudio, Paul Brown, psicólogo de la universidad de Nottingham, explicaba que: "Las mujeres en la treintena avanzada que tienen una carrera profesional (...) simplemente encuentran que los hombres no son interesantes", explicó. Una mujer de alto cociente intelectual puede no encontrar interesantes a sus posibles parejas, sumado al hecho de que hay hombres que escogen mujeres con un perfil más tradicional: "Los varones prefieren mujeres que se asemejen a sus madres, y que les den apoyo en casa cuando salgan a trabajar, mientras que las mujeres de éxito buscan en cambio a hombres "interesantes" y prefieren esperar más antes de elegir".

"Es difícil —añade—. Las mujeres quieren más independencia, pero a la vez todos buscamos relaciones. La paradoja de la posición post-feminista está en crear un sistema social en el que la independencia y la interdependencia puedan florecer".

Otra posible causa de la reducción de las tasas de matrimonio para las mujeres inteligentes puede deberse a que pasan más tiempo estudiando que otras féminas, y por lo tanto retrasan su matrimonio más allá del punto de su máximo atractivo y de su mayor fertilidad, según un estudio consignado en 'Australian Twins Registry', llamado 'La educación superior reduce la salud reproductiva de las mujeres'.

Fuente: Sunday Times

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