lunes, 9 de enero de 2012

Personas y personajes (IV): Stephen Hawking

Cuando le diagnosticaron su enfermedad neurodegenerativa hace casi medio siglo le dieron pocos años de vida, pero Stephen Hawking, uno de los científicos más famosos del mundo, acaba de cumplir 70 años, desafiando toda adversidad. ¡¡Felicidades!!


Paralizado, obligado a utilizar una silla de ruedas y a comunicarse mediante un ordenador, Hawking continúa trabajando incansablemente para develar los misterios del universo y hacer accesibles a un público lo más amplio posible los complicados conceptos de la física.

¿Existe o no existe Dios? Cientos de lectores confían en él a la hora de responder a esa pregunta. El astrofísico británico sigue practicando y despertando una increíble fascinación.

Cuando dice algo, el mundo escucha con atención. Todo lo que Hawking opina respecto de cuestiones como ¿por qué está el hombre en el mundo?, ¿existe otra vida en el amplio universo y, de ser así, debemos contactar con ellos? se observa, se debate e influye la opinión vital de miles de personas.

Soy de la opinión de que todos y no sólo los físicos teóricos, quieren saber de dónde vienen, comentó en 1988 a propósito del éxito de su bestseller Una breve historia del tiempo. El libro, que analiza las teorías físicas sobre el desarrollo del universo, le dio a conocer a escala internacional.

Según los pronósticos médicos, el británico debería haber muerto hace muchos años debido a esclerosis lateral amiotrófica. Las personas a las que se le detecta esta enfermedad mueren al cabo de unos 14 meses del diagnóstico. Obviamente, Stephen Hawking es excepcional por la cantidad de tiempo que ha vivido con ella, explicó Elaine Gallagher, de la Asociación de Enfermedades Neurodegenerativas.

El astrofísico atribuye su celebridad a la dolencia que padece desde los 21 años y que ha mermado progresivamente sus funciones motoras.

La gente está fascinada por el contraste entre mis poderes físicos sumamente limitados y la inmensidad del universo con el que trato, explica con modestia y humor en su página web (www.hawking.org.uk/) el autor de la La gran ilusión: las grandes obras de Albert Einstein.

Su fama es tal que ha hecho apariciones estelares en series de televisión como Star Trek o Los Simpson, donde en una discusión en un bar amenaza al torpe padre protagonista, Homero, con robarle su curiosa teoría sobre el universo en forma de dona.

Para el astrónomo real Martin Rees, quien lo conoció cuando ambos cursaban doctorados en la Universidad de Cambridge, Hawking se ha convertido posiblemente en el científico más famoso del mundo, aclamado por sus investigaciones brillantes, por sus libros que registran superventas y, por encima de todo, por su asombroso triunfo sobre la adversidad.

Considera, sin embargo, que su éxito entre el gran público no debe eclipsar las grandes aportaciones de Hawking al mundo de la ciencia pura, en particular en los campos de los agujeros negros, la teoría de la relatividad y la ley de la gravedad.

Ocupó durante 30 años la famosa Cátedra Lucasiana de Matemáticas en la Universidad de Cambridge, lo que lo convierte en sucesor de Isaac Newton.

Entre sus mayores éxitos se encuentra su predicción, a comienzos de los años 70, de que los agujeros negros, concentraciones enormes de masa que generan un campo gravitatorio al que ninguna partícula puede escapar, podían perder energía bajo ciertas circunstancias.

Al igual que Albert Einstein, lleva años buscando una fórmula para conciliar las teorías contradictorias sobre la relatividad y la física cuántica.

Indudablemente ha hecho más que cualquiera desde Einstein para mejorar nuestro conocimiento de la gravedad, afirmó el ex presidente de la Real Sociedad, una de las instituciones científicas más antiguas y prestigiosas del mundo en la que Hawking fue admitido en 1974, con sólo 32 años.

Ayer domingo, el Centro de Cosmología Teórica de la Universidad de Cambridge, dirigido por Hawking, realizó un acto público para el cual las entradas estaban agotadas desde hace semanas.

Este simposio sobre El estado del universo estubo precedido por una conferencia en la que científicos de prestigio mundial examinaron la situación actual en materia de agujeros negros, cosmología y física fundamental, ámbitos que han centrado los trabajos de Hawking.

El Museo de la Ciencia de Londres encargó también para la ocasión una serie de fotografías que celebran la vida y la obra del astrofísico, que el público podrá visitar a partir del 20 de enero.

Nacido en la localidad inglesa de Oxford el 8 de enero de 1942, justamente en el tricentenario de la muerte de Galileo, Hawking siempre creyó que la ciencia era su destino y, aconsejado por los médicos, concentró todas sus energías en el estudio de la cosmología.

Cuando Stephen ya no pudo hacer uso de sus manos y manipular ecuaciones en papel, lo compensó entrenándose en manipular formas y topologías complejas en su mente a gran velocidad. Esa capacidad le permitió encontrar soluciones a difíciles problemas físicos que nadie más podía resolver, y probablemente él mismo no hubiera sido capaz de hacerlo sin esa nueva habilidad, dijo el físico teórico estadunidense Kip Thorne, unos de sus colaboradores habituales.

En su vida privada, Hawking ha estado casado dos veces y tiene tres hijos. Su ex mujer Jane Hawking publicó un libro a finales de los años 90 en el que le describía como un tirano en casa y un egoísta al que había que recordar con frecuencia que no era Dios.

Más allá de sus trabajos científicos, ha confesado que el enigma que no ha logrado desentrañar todavía son las mujeres, a las que considera un misterio total, dijo hace unos días a la revista New Scientist.

Hawking no cuenta con la vida después de la muerte, dijo al diario The Guardian. Sin embargo, no oculta su miedo a morir: “Veo el cerebro como una computadora que deja de trabajar cuando sus componentes dejan de funcionar. No hay vida después de la muerte para las computadoras estropeadas; es un cuento para la gente que tiene miedo a la oscuridad y, ¿cómo se traduce e interpreta eso para la gente cuyo hardware aún funciona? Debemos sacar el máximo valor de nuestros actos”.

Fuente: La Jornada

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